REPORTAJE "OTRA COSA ES CON GUITARRA" SOBRE GEPE EN ZONA DE CONTACTO
(18/11/2005)
Otra cosa es con guitarra
Para cantar lo que más duele, lo que más se quiere y a lo que más se teme, no hacen falta efectos millonarios. Para hacer canciones conmovedoras y simples, sólo basta una guitarra. Como la de Gepe en su debut “Gepinto”. Pura electricidad desenchufada.

(ir a nota original)

La buena música siempre tiene algo precario. Un acorde que te pone los pelos de punta, un cantautor parado frente a su público cantando lo que no le diría a nadie en voz alta, la simpleza de dejar de lado los efectos para rasguear con rabia.

Por eso, aunque las modas vayan y vuelvan, la gente siempre regresa al folk, esa música que rescata lo simple, volviéndolo complejo sólo por el hecho de nombrar las cosas de manera honesta, sin maquillajes. Folclore cultivado en Chile por próceres de la independencia sonora como Víctor Jaray Violeta Parra,nuevas sensaciones como Gepe o barbones bien intencionados como Devendra Banhart.Incluso en una versión más eléctrica, los rockeros de Taller Dejao.Todos tocando tu fibra sensible cansada de tanto MTV. Porque para conmover sólo hace falta una guitarra y seguir el ritmo con los pies.


GEPE

Siendo justos, Gepe está compuesto por Daniel, Sebastián y Pablo, amigos integrantes del colectivo Jacobino.Pero en realidad las canciones son de Daniel (24), músico autodidacta, estudiante de diseño, baterista de Taller Dejaoy parte de la banda de Javiera Mena.

En "Gepinto”,su disco debut, hay un montón de cosas que se juntan, cosas que a primera vista parecen incongruentes. Por ahí se notan influencias de Sonic Youthy Yo la Tengoen las experimentaciones con ondas y ruidos. Por otro lado se cuela un charango altiplánico, y en la guitarra de palo está la crudeza acústica de Victor Jara. Y no hay ningún problema con eso, porque para los Jacobinos eso del respeto por las categorías no corre: por algo ven Mekano en la tele y arriendan películas de Passolini.

Y quizá por eso la música de Gepe es tan cautivante: suena como algo familiar y perturbador. Gepe canta de la muerte de sus hijos, de cuerpos que hablan, y de morirse de pena por algo. Porque para Daniel, las letras son una manera de salirse de lo cotidiano, poner en perspectiva lo que se ha vivido y aprender de ello. Una suerte de diario de vida, pero en palabras importantes y con un sonido muy dulce.

Daniel partió tocando batería imaginaria en la escalera de su casa en primero básico. Luego de doblar grabaciones kitsh del Festival de Viña ochentero y pasar su etapa metalera, en cuarto medio armó Taller Dejao con su amigo Javier.

Para Daniel la música es una forma de ir a lo medular de las cosas y no evadirlas. Ir como un niño con una batería enana, sin clases ni pentagramas. Por eso cuando se le ocurre una letra en la calle, a veces llega a la casa a componer poniendo un dedo en cualquier lugar del puente de la guitarra.

Cuando Gepe canta a capella, no sabes si ponerte a llorar de la emoción o preocuparte porque vaya a desafinar. Escuchando su disco debut, "Gepinto”, una agradable tensión dulce mantiene en ascuas al oyente. El que de seguro terminará poniendo repeat en el reproductor.



TALLER DEJAO

Cuando Taller Dejaotocó en el último festival Pulso -que reúne a las bandas emergentes del indie rock nacional- el teatro Novedades pareció llenarse de repente. Arriba del escenario, Daniel (batería) y Javier (bajo) dieron inicio a una explosión de peña rockera que tomó a todo el mundo por sorpresa. Una que puso a los chicos ultra lolos a cabecear como en un recital setentero de Los Jaivas.

Mezclando el folclore nacional que nos llega por osmosis con rock de vieja escuela, Taller Dejao suena como una canción de Violeta Parratocada por fanáticos de Black Sabbath. Melodiosos, sus temas son como un jam rockera salida de alguna zona huasa.

Compañeros de colegio y vecinos de San Miguel, Daniel y Javier son atípicos por donde se les mire. Un bajista que toca con la potencia de una banda de hard rock, definido por su compañero de banda como una buena persona por naturaleza, y un baterista demoledor que tiene una voz armoniosa como pocas, que se define a sí mismo como alguien que ha visto la decadencia. Plop.

El año pasado sacaron su disco debut “El brillo que tiene es lo humano que le queda”por Miranada Discos,después que Katafú de Familea Mirandalos viera tocar, y quedara alucinado con su potencia. Actualmente el dúo se encuentra en pausa por el lanzamiento de “Gepinto”. Una lástima para quienes se perdieron de verlos en vivo.




DEVENDRA BANHART

Devendratiene la misma edad que Gepe, pero harto más pelo. Como un Tío Cosa hippie, Devendra es la encarnación gringa de la buena onda silvestre. Una de voz ultra melodiosa que canta sobre comer peras en verano y salir a pasear por la playa. Ideal para escuchar en una hamaca, Devendra hace pop de reserva ecológica sin máquinas que arruinen el sonido reciclado.

Devendra es una trotamundos que ha vivido por buena parte de E.E.U.U y Venezuela, por eso canta frases en español como “la gente buena sólo goza/ nunca hay pena/ pa' qué sufrir”. Devendra es un hippie buena onda que estudió arte en San Francisco. Uno al que le gusta que vayan niños y mujeres embarazadas a sus recitales y que diseña sus propias carátulas. Un compositor considerado como una promesa en desarrollo.

Escucha su tercer disco “Rejoicing in the hands” (2004), y a ver si no te dan ganas de caminar a pata pelada.



VIOLETA PARRA

Si una buena canción es capaz de detener el tiempo,
Violeta Parracongelaría los punteros de todos los relojes del mundo hasta destrozarlos. Porque Violeta canta desde el rincón más puro de su alma, sus notas suenan como salidas desde las vísceras de nuestra historia.

Si a la Violeta casi nadie la escucha, es simplemente porque vivimos en un país sin memoria. Porque Violeta maneja la melancolía ancestral, mejor que cualquier grupo brit. Ella canta y toca en chileno, con esa melancolía de los días abochornados del sur, cuando la abuelita dice "va a temblar" mientras uno espera que llueva o que salga el sol de una buena vez.
Ahí surgen sus canciones, precarias como la hoja de parra azotada por el viento.

Violeta cambió el folclor, desnudándolo para hacerlo de nuevo. Ya sea cueca o tonada, creó arte a partir de la simpleza, inventando nuevos acordes y afinaciones, jugando con las palabras -"Mazúrquica Modérnica"es un gran ejemplo de ello -, grabando a los cantores en el campo y parándose ante el público de París o Chillán de la misma forma: vestida con sus canciones.

¿Realmente alguien puede escuchar "Run Run se fue pal norte"o “Qué pena siente el alma” sin sentir el corazón diseccionado?

Con Violeta, el tiempo no existe más.

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