Gepe
y el lanzamiento de Gepinto:
La identidad está en la mezcla
Por Luis Felipe Saavedra.
(ir
a nota original)
Considerado
por algunos como la esperanza
de la música chilena actual, Gepe
habla de su hermoso nuevo disco y de su
personal manera de percibir la música.
Confiesa, por ejemplo, que hasta hace
poco no escuchaba folclor pero que le
resulta tan familiar como tomar once,
que la música chilena le gusta
por sobre todas las cosas y que, en definitiva,
sus letras surgen como una manera de empatar
las idioteces que a veces comete en la
vida diaria.
¿Quién
iba a pensar que un joven de ciudad, estudiante
de diseño gráfico que tiene
apenas 24 años generaría
emociones hasta el punto que algunos se
atreven a denominar su música como
neo folclore, avant folk o el heredero
de Victor Jara?
Más
allá de las exageraciones, lo cierto
es que su personal modo de ver la música
logra, con la pura voz, una empatía
y cariño que hacía falta.
Declarado
como parte de la generación del
pastiche, Gepe no tiene complejos al hablar
de influencias. Toma de cada lugar lo
que le conviene y da vida a Gepinto (Quemasucabeza,
2005), el sucesor del comentado 5 x 5
(Jacobino, 2004).
Quizá
sea por la osadía de incluir sin
ningún respeto elementos de la
tradición local en canciones cercanas
al indie pop; el punto es que Gepe produce
cercanía, y ha logrado que su joven
público se fije en los símbolos
de la música popular chilena como
se interesa por Sonic Youth.
Eso
es Gepe, la mezcla entre dos mundos contrapuestos
en apariencia, pero que gracias a las
nuevas tecnologías están
disponibles (y gratis) para quien quiera
apropiárselos. Solo hace falta
curiosidad.
Baterista
y voz de Taller Dejao y parte de la banda
de Javiera Mena, Daniel Riveros (alias
Gepe) es un músico inquieto, que
transita entre el pop dulce y la experimentación
atonal junto al colectivo Jacobino.
En
Gepinto caben las canciones simples, la
voz desnuda, el charango tocado sin sapiencia,
el ruido electrónico y lo que se
le ocurra, mezclados sin escuela y con
un resultado efectivo: trece canciones,
algunas de ellas verdaderos hitos, con
melodías a ratos infantiles y que
puede sonar tanto a David Grubbs o Yo
la Tengo como a un cantautor del Café
del Cerro de los años ochenta.
Gepe
canta, susurra, toca la guitarra, el metalófono
y los teclados. Sus amigos, con quienes
también forma el trío experimental
Aves de Chile, Pablo Flores (Namm) y Sebastián
Sampieri (Farabeuf), colaboran con el
charango, el acordeón, el kaos
pad y las programaciones. Todos instrumentos
aprendidos a pulso, probando sin miedo
al error. De ahí su honesta particularidad.
Las
sencillas armonías son el piso
perfecto para que la voz, la verdadera
protagonista de Gepinto, construya los
temas y se valga de las palabras para
elaborar melodías juguetonas y
complejas a veces, muy alejadas del mono
tono al que nos tienen acostumbrados los
cantantes locales.
Gepe
despliega toda su calidad vocal, valiente,
y con ello logra un resultado reconfortante.
Si 5 x 5 fue un augurio, Gepinto es la
confirmación.
¿Qué
avance tiene Gepinto con respecto de 5
x 5?
Hay mucha más confianza,
más decisión. Creo que las
canciones son mejores en cuanto a la complejidad
a la que podrían llegar. En 5 x
5 la cadencia de los temas está
perjudicada por la grabación. De
hecho me gustaría grabarlo de nuevo
y meterle más canciones, pero en
el futuro. Lo que me gusta del Gepinto
es que cada canción tiene arreglos
que varían, desde bajo eléctrico
y batería hasta guitarra y voz.
Hay canciones que suenan por sí
mismas, como La enfermedad de los
ojos, y hay otras que funcionaron
más a partir de la mezcla. Tratamos
de potenciar eso de que tenga una cosa
como pop inserta y que a la vez muestre
la complejidad de las canciones, o su
simpleza, y que tenga buenos arreglos.
Le dimos mucho tiempo a esto.
El
single Namás ya había
aparecido en 5 x 5 y en Panorama Neutral
en diferentes versiones. ¿Por qué
la grabaste de nuevo?
Para mí gusto tiene cierto
potencial, que podría funcionar
internacionalmente. Me imagino que gente
que nunca ha escuchado esa canción
y que va a verla con el video que ahora
estamos haciendo, le podría funcionar,
porque es bien radial y todo el mundo
sabe eso de las palmas (hace palmas).
Es una cosa como estratégica.
¿Por
qué decidiste trabajar con Quemasucabeza
después de editar tu primer trabajo
por Jacobino?
Con los Jacobino somos amigos. Funciona
más como un colectivo que como
sello. Da lo mismo que saquemos un disco,
porque nadie tiene plata para hacer 500
copias. Jacobino va a funcionar a partir
de hacer tocatas y generar una identidad
interesante. En Quemasucabeza estaba buscando
tener mejores posibilidades técnicas,
y creo que eso lo lograba el Santis, siendo
todavía de un círculo cercano.
Logré superar sobre todo la barrera
técnica que es lo más difícil
de franquear, que no lo superé
ni con el Taller Dejao ni con el 5 x 5.
Creo que ahora por fin agarró un
nivel técnico decente.
¿Cómo
fue trabajar con Rodrigo Santis (Congelador)
como ingeniero y productor?
El Santis fue el cuarto integrante
de Gepinto. Yo y él mezclamos el
disco y fue un trabajo a la par, absolutamente.
Me proponía modificaciones o entre
los dos armábamos un arreglo. Yo
no partí con las canciones listas,
como así va a quedar,
sino que a muchas de ellas le hicimos
los arreglos en el camino, como por ejemplo
Guinea, Estilo internacional
y La multiplicación.
¿Y
cuál es el aporte de Pablo y Sebastián,
los otros dos que participan en el disco?
Ah, es que ellos igual aportaron
lo suyo. Yo llego con la canción
y ellos empiezan a tocar arriba, prueban
instrumentos. Nunca les digo lo que tienen
que hacer, pero como los conozco y son
mis amigos, sé que van a ir por
un camino parecido al que yo podría
seguir. El 5 x 5 lo armé todo yo:
los arreglos, y está tocado casi
entero por mí, pero en Gepinto
los cabros hicieron los arreglos. Ése
es su rol, ser músicos, pero activos.
Creo en la fórmula de grupo, en
cuanto a cabezas pensantes todas activas.
Tengo
la impresión de que en Gepinto
los instrumentos están más
para apoyar, porque las melodías
y las canciones, al final, las construye
la voz
Es que eso pasa más que nada
porque ninguno de los tres somos músicos,
ninguno sabe arreglar, ninguno sabe nada.
Entonces, cuando yo hago una canción
lo que me sale más fácil
es hacer la voz, porque no sé hacer
complejidades con el piano. Puede ser
por eso. Para mí la voz es más
barroca porque puedo hacer más
cosas con ella. Primero que nada me sale
más fácil, segundo me ahorro
ciertas complejidades que no puedo superar
a través de los instrumentos, y
tercero, me encantan las letras, les doy
harta intención.
¿De
dónde salen las letras?
Para mí las letras las tomaría
a partir de una cosa terapéutica.
Como que necesito decir las cosas para
sentirme un poco más inteligente,
porque de repente uno se siente idiota
porque comete caleta de errores en la
vida diaria. Por ponerte un ejemplo tonto:
uno tiene una polola y habla puras tonteras
con ella y uno sale perjudicado, sabiendo
que estás cometiendo una idiotez.
Entonces haces una canción y arreglas
ese error, pero de una manera sublimada.
Es empatar, siempre empatar. Pero es tan
por abajito, porque uno es muy tonto todavía,
no tiene capacidad para generar un discurso
maduro, porque uno recién viene
saliendo de la adolescencia y con la juventud
en los hombros no cacha nada. Para mí
hacer letras y música es empatar,
sentirme un poco más inteligente
en la vida. En cuanto a las temáticas,
hay algunas que se refieren a hechos particulares
y otras más abstractas. Hay veces
que tengo primero la letra y después
le pongo la música.
Chileno
de corazón
Mucho se ha comentado que Gepe es la nueva
música chilena, que es auténtico
y por eso llega tan profundo y toca fibras
que no logran los extranjeros. Lo curioso
es que el gusto por la música chilena,
popular y folclórica, es algo reciente,
no viene de la cuna ni por tradición
familiar, como la mayoría de sus
referentes locales. Así y todo, su
trabajo no podría haberse dado en
otro lugar del planeta:
En
mi casa a nadie le interesó el
folclor, nunca escuché folclor
cuando chico. Para mí todo es nuevo,
lo estoy descubriendo. El primer tema
de folclor fue Angelita Huenumán,
de Víctor Jara, y lo escuché
el 2000. Yo antes incluso le tenía
mala al folclor. Lo que pasa es que yo
descubro en el folclor un sentido chileno
que me resulta súper familiar.
Fue una conexión así: ¡paf!
Escuché y fue como: me es familiar,
me da cariño, confianza, seguridad,
lo encuentro formalmente lindo, poético,
lo tiene todo. Se relaciona conmigo a
partir del inconsciente colectivo. Como
un sentido de música chilena, de
los elementos formales que se usan en
esa música. Desde los instrumentos
y las letras hasta la grabación.
Me dio la sensación de cuando uno
nace. Es como tomar once con la familia.
¿La
utilización de instrumentos como
el charango, el bombo y el acordeón
responden a una intención previa
de sonar más chileno?
Me gusta la cadencia de los instrumentos,
me gusta cómo suenan, nada más.
Es que básicamente la música
chilena me gusta por sobre todas las cosas.
Es lo más interesante que he encontrado
a través de los años; el
charango tiene esa cosa tan tosca, ingenua
y sensible que me encanta; eso medio disonante.
No es por dárselas de nada. Nadie
sabe nada, nunca hemos estudiado, sólo
tenemos nociones y aparte ninguno de nosotros
se dedica al folclor ni nos interesa como
fórmula. Lo que a mí me
interesa es esa ingenuidad de ser tan
directo, duro, es una cosa tan chilena
que me da tanta seguridad, porque yo tengo
autoridad sobre ese lenguaje sólo
por ser chileno. No es algo nacionalista
sino que es una cosa familiar. Una cosa
de lenguaje sobre todo.
Cuando
le pregunto por influencias o grupos chilenos
que le interesan, Gepe comienza a decir
nombres sin parar y se entiende su variedad
de influencias:
Margot
Loyola, Gabriela Pizarro, el Osvaldo Jaque
sobre todo (recopilador), las hermanas
Castillo, las hermanas María de
Lo Barnechea, Víctor Jara, Violeta
Parra, Tobías Alcayota, Ganjas,
Perrosky, Javiera Mena, Fredimichel, los
Jacobinos, Golden Baba, música
electroacústica chilena
Tengo
la impresión de que muchas canciones
tuyas podrían ser de cuna, con
esas melodías de pregunta y respuesta,
propias también de cierto folclor.
Se me había olvidado. Cuando
chico escuchaba mucho a Mazapán.
Ésa fue una gran forma de acercarme
a la música. Yo hago canciones
desde súper chico, la primera se
llamó Hamburgesa, y
siempre usé esa ida y venida.
¿De
dónde sale el diseño del
disco, que muestra dos cosas muy diferentes:
una foto de una mujer oriental y, por
dentro, un libro de pintar de niño,
con todo rayado y con la letra de quien
recién aprende a escribir? La carátula
no tiene que ver en sí misma.
Es que en la música tampoco
tiene que ver una cosa con la otra, es
pastiche. Como que en realidad en la música
podría tomar cualquier cosa de
cualquier lado. Por lo menos en este momento
tengo esa actitud, sacar de cualquier
lado y meterlo en cualquier otro. Tengo
esa sensación. No le tengo ni un
respeto a nada. Por un lado me gusta esa
pose sensual pero contenida de la camboyana
y por otro lo disparatado de cuando uno
es chico y hace cualquier cosa. A mí
me gustan esos dos lados. Lo bonito y
la malicia. La maldad es súper
positiva; no me refiero a la estupidez
tipo Bush, sino a que la maldad está
ligada a la destrucción y eso es
algo súper positivo. Por eso me
gusta la malicia.
¿Hay
maldad en el disco?
Es que hay cosas que son como falta
de respeto. Como en Nihilo,
que tiene una bulla, en Los Trapenses,
que es una canción de cuna pero
tiene un hizz. Son pequeños detalles.
Todavía tengo eso abuenado, por
la crianza familiar correcta, pero me
gusta la maldad. Es una lucha entre esas
dos cosas
¿Qué
esperas de Gepinto?
Que sea considerado un disco más
o menos decente por la gente a la que
yo pienso que le puede interesar. Y en
cuanto a repercusiones posteriores, me
encantaría ir a tocar afuera por
sobre todas las cosas. Me parece que podría
ser un aporte. Además que tocar
es lo que más me entretiene. Entonces
pienso que mientras más lo haga,
mejor lo voy a hacer. Es una cosa lógica.